«Gracias a la libertad de expresión hoy es posible decir que un gobernante es un inútil, sin que nos pase nada. Al gobernante tampoco».

Jaume Perich (1941-1995). Escritor y humorista

martes, 4 de marzo de 2014

Donde yo vivo (V). La pobreza de una ciudad.


Estos días he visitado una gran ciudad, a la que le podemos dar el nombre de Cali. Tiene una población de casi tres millones de habitantes y el 25% de la población es pobre.

Al entrar en la ciudad, prejuzgué y acerté. Vaya desastre. Pero, una cosa es la pobreza de las personas y otra, la desidia, el abandono, el mal gobierno, la desatención, etc. de  aquellos que tienen la responsabilidad en la dirección municipal, por mantener la ciudad limpia, transitable, salubre, segura.

La entrada a la ciudad no se anuncia, aunque sea una entrada secundaria. En ella nos encontramos un acceso, presuntamente en obras, no señalizado y sin una adecuada información. Vemos a un joven con una pala tapando los inmensos baches,  y pidiendo una limosna por un trabajo inútil, por lo imposible e interminable que es su ocupación. El caos es tal que, nadie respeta semáforos, la conducción es una verdadera carrera de obstáculos para evitar los exagerado baches de la calzada, o el tránsito de bicicletas o carricoches en dirección contraria. 

Si dejar el vehículo en la calle es de un atrevimiento total, no lo es menos encontrar un “parqueadero” donde resguardar el vehículo, el cual ofrece más dudas que si se quedara en la calle, de la pura visión de chatarrería.

Desplazarse desde la ubicación del vehículo a la vivienda, es un esquivar continuo de charcos, fango, escombros, basura, vehículos, motos, perros. Y si por el camino cruzamos un puente, e inocentemente creemos que es un barranco o rio por el que discurren las aguas de las últimas lluvias, alguien nos dice que no, no es agua de lluvia. Son las aguas negras. El alcantarillado al aire libre. La mierda y el mugre a la vista y aireado, para dar un perfume a la ciudad. 

Un consejo, debo guarda el celular y la cámara de fotos, no es un barrio peligroso, pero esas precauciones deben ser generales en toda la ciudad.

Las aceras son un verdadero campo de pruebas para la atención y reflejos del transeúnte. Chiringuitos y carromatos, charlatanes y limosneros, baches, arquetas de registro sin tapa, cables de soporte de postes, escombros y mierdas de perro.

Junto a todo ello, un centro comercial recién inaugurado, con tiendas de ropa y de telefonía móvil. Supermercados repletos de clientes y empleados solícitos. Bancos esplendidos con colas kilométricas en cajeros automáticos y en las cajas del interior. Guardias de seguridad privada en cada establecimiento. De todo lo visto, los bancos son los que lucen mejor presencia. Claro, es donde está el dinero.    

En la calle unos críos jugando al futbol, otros reparando una moto, pintando a pistola un cuadro de bicicleta, trapicheando algún producto indeterminado, casi seguro no legal. Las fachadas de las viviendas son un retrato del nivel de pobreza de sus habitantes. También lo son los sonidos que se perciben, un anuncio del estado de degradación humana.

Si la autoridad municipal, no tiene ojos para ver su ciudad y sus habitantes. Si la autoridad municipal se preocupa solo de asegurar su poltrona. De percibir la indemnización por su dedicación. De mantener contentos a los lobbys que controlan el poder con su dinero y sus propinas (sobornos), la mierda seguirá corriendo por la cloaca a cielo abierto, repartiendo el nauseabundo olor a corrupción de aquellos en los que la gente pobre confía.

Todo lo anterior, en mayor o menor medida es aplicable a cualquier ciudad o pueblo de nuestro entorno. No solo hay que mantener y remozar el centro histórico. O no invertir nada para cuadrar presupuestos. Los barrios y calles extrarradio y las urbanizaciones merecen el mismo trato e inversión. Allí viven personas pobres, a las que ese abandono les hace más pobres. O allí viven gentes que están de paso, turistas, que dirán y calificaran a las gentes de la ciudad visitada, llamémosle Cali, Valencia o Benissa.

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